En esta época de mi vida hay demasiadas cosas que quiero hacer y aprender. Esto me ha llevado a optimizar de maneras extrañas mi tiempo. Una de estas cosas (sí, hay más) es escuchar cosas que necesito aprender mientras hago mis tareas:

  • Me pongo los cascos inalámbricos conectados al PC y dejo reproduciendo vídeos de conferencias que necesito escuchar.
  • Conecto los cascos al móvil y reproduzco con un programa que lee con un sintetizador de voz los artículos de texto que tengo almacenados en mi lista de “Read later”.
El 95% del tiempo que he estado cocinando, limpiando, en la ducha, yendo a la compra, etc, he estado en uno de los dos casos anteriores.
Apenas leo libros técnicos por necesidad (sí que continúo leyendo una novela en la cama si me apetece, pero eso es otra historia): me los busco en pdf o en formato ebook y los paso por uno de esos dos mecanismos que describo más arriba.
No tengo tiempo para hacer todo lo que quiero, pero sé perfectamente lo que quiero y no quiero cejar en mi empeño de conseguirlo. Lo más importante es que mientras hago esto, estoy disfrutando. Me gusta aprender, me gusta crecer y me gusta optimizar las cosas. La sensación de progreso sería ya una recompensa en sí misma.
Normalmente la gente me  dice  “Vive, hombre, que solo se vive una vez”. Ya estoy viviendo, porque todo esto lo hago mientras hago mis labores, lo cual las hace más llevaderas, y además no me privo del tiempo de hacer las cosas que me gustan: jugar a cosas (tengo más de 100 horas logadas en el Battlefield 3), estar con la gente que quiero, ir a mis clases de canto, hacer deporte y reservar un rato para pasear en silencio y soledad (algo que voy a hacer exactamente en nueve minutos).
Siempre pienso esto: “Cuando estés a las puertas de la muerte no echarás de menos haber pasado una hora más en la oficina”. Creo que es cierto, y nada de lo que he descrito aquí es un trabajo para mí, ni es equiparable a estar en la oficina.
La frase que lo describe perfectamente es esta: “Cuando haces algo que te gusta, una hora parecen cinco minutos. Cuando haces algo que no casa con tu espíritu, cinco minutos parecen una hora”.
Recordad la sabiduría del Auryn, que decía “Haz lo que quieras”, pero su significado era muy diferente de “Haz lo que te apetezca” (http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81uryn)
Lo que quiero decir a todas las personas que me recomiendan que no haga tantas cosas es que se dediquen a lo que  les gusta, en lugar de soportar su vida diaria, esperando a que llegue el fin de semana. Y luego que vengan a contármelo otra vez.