“[…]para ser realmente respetuoso debo respetar TODAS esas creencias [religiones] y no dar ningún tipo de prioridad a las que, por ejemplo, han sido más habituales en el entorno geográfico y social en que he nacido o sido educado.”

Para mi gusto, lo mejor de leer cosas que ha escrito gente más inteligente y sabia que uno es la iluminación repentina que acaece cuando esa persona pone cara y ojos a algo que estaba en tu mente pero no habías identificado claramente.

No es como cuando lees un libro de texto y aprendes algo nuevo, porque, salvo en determinados casos, esos conocimientos no vagaban por tu mente como ideas difusas, sino que simplemente no los conocías y ahora sí. Son completamente nuevos.

Sin embargo, en el caso de Miquel Barceló y en el de Orson Scott Card me pasa algo distinto. Estas personas tienen la capacidad de describir situaciones que inmediatamente asocio a cosas que ya pasaban en mi mente, con lo cual me ayudan a clarificar procesos, de modo que pueda comunicar hacia el mundo el porqué de determinados aspectos de mi persona de una manera eficaz y eficiente (ya depende de mi el que sea efectiva, también).

Para ser respetuoso tengo que respetar TODAS las religiones. Sí, exacto, incluidas aquellas que no profesamos. Eso nos provee una curiosa respuesta que dar a quienes nos acusen de no respetar lo suficiente la religión de nuestro interlocutor, ya que una persona creyente no puede respetar y reconocer sinceramente como válidas religiones distintas de la suya, porque si lo hiciera no creería en la suya, sino en la que le pareciera válida de verdad. La potestad de reconocer la validez de todas las religiones (obviamente dentro de unos márgenes razonables) pertenece en realidad únicamente a los que no están realmente apegados a ninguna de ellas.

Y por otro lado está el ámbito geográfico. Qué gran observación. Desde un punto de vista estadístico, parece completamente absurdo que una persona niegue que hay grandes posibilidades de que perteneciese a una religión concreta si hubiese nacido en un lugar donde ésta es especialmente popular. Sin embargo, no conozco a ningún creyente que reconozca que si hubiera nacido en Bahrein seguramente “sabría” que una persona como la que es él mismo hoy día estaría equivocada, del mismo modo que él “sabe” que ese musulmán está equivocado.

En cierto modo esas ideas serían memoria que se ha reservado en algún momento de nuestra vida, pero nunca tuvo puntero alguno que señalara su ubicación. Gracias a la habilidad para identificar y comunicar estos pensamientos, en mi cabeza van a apareciendo punteros que señalan a estas áreas de memoria, de modo que ahora puedo referenciarlas fácilmente cuando lo crea conveniente.

Gracias, Miquel.

Artículo que ha motivado este “rant”