6 cosas a tener en cuenta

septiembre 25, 2007

  1. De forma natural, trato de pensar como una persona cualquiera que está recibiendo la impresión que yo estoy recibiendo ahora mismo. Eso, a pesar de ser complejo y a veces inconveniente, puede ser muy útil cuando tratas de averiguar qué impresión se llevarán otras personas, usuarios o clientes a este respecto.
  2. Cometo un montón de errores, porque me gusta probar cosas y desafiar a las convenciones para averiguar si de verdad son válidas y por qué. La parte buena de esto es que cuando una resulta ser falsa, anticuada o poco consistente los beneficios suelen ser muy grandes. La afirmación anterior no significa que no respete la opinión de aquellos que tienen más experiencia o conocimiento que yo. No soy (completamente) estúpido y no necesito probar TODO por mi mismo. Simplemente me cuesta aceptar cualquier cosa cuya razón de ser sea “PORQUE SÍ”.
  3. Dada la naturaleza de las tareas que desempeño, no se puede definir mi posición actual en el trabajo con menos de cinco palabras y me he acostumbrado a que nadie dentro de la misma sepa dónde situarme exactamente en su jerarquía departamental. No sé si eso es bueno, pero creo que sí. En cualquier caso es así.
  4. Si trabajas para mi, eres mi igual. Si trabajo para ti, soy tu igual.
  5. Me fijaré en cómo se trata a mis compañeros de trabajo. No creo en la gente que es capaz de tratar bien a los demás de modo selectivo.
  6. Comienzo cada conversación abierto a la posibilidad de que estoy equivocado y no me estoy dando cuenta. Espero exactamente lo mismo de cualquier persona con la que hable.

De gatos y hachas

septiembre 2, 2007

“[…] se llamaba Sador, un criado al servicio de Húrin; era tullido y de poca relevancia. Había sido leñador y, por mala suerte o un error de su hacha, ésta le había rebanado el pie derecho, y la pierna sin pie se le había marchitado.”

“[…] Fui convocado por la necesidad de aquel año, y abandoné mis tareas en el bosque, pero no estuve en la (batalla de) Bragollach; de lo contrario, hubiera podido ganarme mi herida con más honor. […] En Eithel Sirion estaba yo cuando el Rey Negro lo atacó […] y entonces vi a tu padre hacerse cargo del señorío y el mando, aunque apenas había alcanzado la edad viril. Se dice que había un fuego en él que calentaba la espada en la mano. Siguiéndolo hicimos que los Orcos mordieran el polvo y desde ese día nunca más se han atrevido a dejarse ver cerca de las murallas. Pero ¡ay!, mi amor por la lucha se había saciado, pues había visto ya bastantes heridas y sangre derramada, y obtuve permiso para volver a los bosques que tanto echaba de menos. Y allí recibí mi herida; porque el hombre que huye de lo que teme acaba comprobando que sólo ha tomado un atajo para encontrarse con ello.”

Lo recordaré la próxima vez que se me cruce un gato negro.

La definición de Grandeza

septiembre 2, 2007

“Al comienzo de la primavera, Túrin, hijo de Húrin, tenía tan sólo cinco años, y Urwen, su hermana, tres. Cuando corría por los campos, sus cabellos eran como los lirios amarillos en la hierba , y su risa como el alegre sonido del arroyo que bajaba cantando de las colinas y pasaba junto a los muros de la casa de su padre. Nen Lalaith se llamaba ese arroyo, y, por él, toda la gente de la casa llamó Lalaith a la niña; y sentían alegría en sus corazones mientras ella vivió.” 

Nota: La traducción de Lalaith al lenguaje moderno es Risa 

 “[…] el Mal Aliento llegó a Dor-lómin, y Túrin cayó enfermo y yació mucho tiempo presa de una fiebre y un sueño tenebroso. Y cuando sanó, porque tal era su destino y la fuerza de la vida que había en él, preguntó por Lalaith. Pero el aya respondió:

– No menciones más la palabra Lalaith, hijo de Húrin; en cuanto a tu hermana Urwen debes pedir nuevas a tu madre.

Y cuando Morwen fue a verlo, Túrin le dijo:

– Ya no estoy enfermo, y deseo ver a Urwen; pero ¿por qué no debo decir nunca más la palabra Lalaith?

– Porque Urwen está muerta y ya no hay risa en esta casa – respondió ella-. Pero tú vives, hijo de Morwen; y también el Enemigo que nos ha hecho eso. “

Su misión estaba clara.

Esa es la perfecta definición de Grandeza, reflejada en la capacidad de trascender los propios intereses en pro de una empresa más elevada que uno mismo. Tengo una meta y el resto es insignificante.

Incluida mi vida.